Una receta típica y tradicional del norte de Portugal, de la zona del río Miño que, a pesar de su sencillez, es un plato de categoría.


Lo maravilloso de este plato radica en el equilibrio y armonía de sabores diferentes como el bacalao, cebolla, ajos, olivas negras, perejil y el aceite de oliva, rey indiscutible de la cultura europea. Todo junto se convierte en un sabor complejo, que nos asalta el paladar para nunca más olvidarlo.


Hace más de mil años, allá por el siglo X, navegantes de los países nórdicos empezaron a llegar a las costas portuguesas en busca de sal, elemento indispensable para ellos y difícil de conseguir en sus tierras. Fueron esos avezados marinos quienes descubrieron el bacalao a los portugueses y la increíble técnica de conservación de los alimentos: salar.